En edificios residenciales también cabe distinguir dos casos: nueva construcción y rehabilitación. Es de toda evidencia que hay poco que decir de la nueva construcción, ya que, aunque no sea éste el lugar de las conclusiones, vale anunciar la primera: “construyendo de manera adecuada las actuaciones de ahorro energético salen rentables pues su coste es
sensiblemente igual y el edificio ahorrará dinero en su vida útil”.
Aprovechar rehabilitaciones realizadas por otros motivos (estructurales, salubridad, cambio de uso, seguridad, etc) para realizar mejoras energéticas que supongan un “sobrecoste energético” reducido y que puede recuperarse con el ahorro de la factura energética en años sucesivos.
En los edificios hay puntos clave de mejora: aislamientos (fachada exterior, interior cubierta), vidriado de ventana, puentes térmicos de cajeado de puertas y ventanas, cajas de mecanismos de persianas, filtraciones de aire, etc, que pueden tener individualmente distintos periodos de retorno.